Los cielos nuevos y la tierra nueva NO serán un cosmos de reemplazo.

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Aunque la Biblia promete un cielo y una tierra nuevos (2 Pedro 3:13; Apocalipsis 21:1), algunos cristianos piensan que este será un cosmos de reemplazo, asumiendo que el viejo será borrado cuando Cristo regrese.

Concedido que 2 Pedro 3:10 no puede usarse para apoyar la idea de que la tierra será “quemada”. Pero ¿qué hay de Apocalipsis 21:1, que dice que “el primer cielo y la primera tierra habían pasado”?

Claramente, el viejo mundo tal como lo conocemos desaparecerá, para ser reemplazado por una nueva realidad. La pregunta aquí es si se trata de una destrucción seguida de un reemplazo, o una referencia a alguna forma de transformación (ciertamente, radical).

Para responder a esta pregunta, debemos volver a la descripción de Pablo de la conversión como “nueva creación” en 2 Corintios 5:17. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas.”

Aquí Pablo usa el verbo parerchomai (“ha pasado”) para el fin de la vida anterior, que luego es reemplazada por una nueva vida en Cristo. Esto es casi idéntico al griego para “había pasado” (aperchomai) en Apocalipsis 21:1 (solo los prefijos del verbo son diferentes).

¿Creemos que Pablo quiere decir en 2 Corintios 5 que la desaparición de la vida anterior equivale a la aniquilación de la persona, que luego es reemplazada por un doble? Todos los escritos paulinos, sin mencionar el sentido común, sugieren que no importa cuán radical sea el cambio requerido para la conversión a Cristo, esto describe la transformación, no la destrucción, de la persona.

Asimismo, la desaparición del cielo y la tierra actuales para dar paso a la nueva creación también es transformadora y no una cuestión de destrucción seguida de reemplazo.

Esta comprensión de morir como transformación (en lugar de destrucción y reemplazo) está respaldada por el modelo de las Escrituras, que supone un paralelo entre la redención de las personas (incluido el cuerpo) y la redención del mundo no humano.

En ambos casos (la nueva persona en Cristo y el cielo y la tierra nuevos), la palabra “nuevo” tiene el sentido de renovación radical, no de reemplazo.