Génesis y los mitos del antiguo Cercano Oriente
El libro de Génesis no surgió en un vacío cultural. Los antiguos israelitas vivieron en un mundo donde circulaban historias sobre la creación, el origen de la humanidad, el diluvio, la sabiduría, la muerte y los conflictos entre los dioses. Por eso, para comprender mejor Génesis 1–3, resulta útil compararlo con relatos anteriores de Mesopotamia y Canaán.
El punto central del artículo no es simplemente que Génesis “copió” mitos antiguos. Más bien, sostiene que los autores bíblicos conocían ideas y motivos comunes de su ambiente cultural y los utilizaron de maneras nuevas. Las semejanzas son importantes, pero las diferencias pueden ser todavía más reveladoras: Génesis toma imágenes conocidas y las transforma para presentar una visión diferente de Dios, la humanidad y el mundo.
Atrahasis: ¿Por qué existen los seres humanos?
Atrahasis es un antiguo relato mesopotámico cuya versión principal data aproximadamente del siglo XVIII a. C. Allí, los dioses menores están cansados de realizar trabajos pesados, como cavar canales y mantener la agricultura. Finalmente se rebelan. Para resolver el problema, los dioses crean a los seres humanos para que trabajen en su lugar.
La humanidad, por tanto, existe para servir a los dioses y liberarlos de sus tareas. Además, el relato establece una clara separación entre dioses y humanos: los dioses poseen sabiduría e inmortalidad, mientras que los humanos deben permanecer mortales y limitados.
Esta idea será importante cuando se compare Atrahasis con Génesis, donde el trabajo humano y la relación entre Dios y la humanidad reciben un significado muy distinto.

Enuma Elish: la creación mediante una batalla
Otro relato importante es el Enuma Elish, procedente de Babilonia. Al comienzo aparecen Apsu, las aguas dulces, y Tiamat, las aguas saladas. Después de una serie de conflictos entre los dioses, Marduk combate contra Tiamat y la mata. Finalmente divide su cuerpo y utiliza sus partes para construir el cosmos.
La creación, por lo tanto, surge de una guerra divina.
Esta historia ayuda a entender algunas imágenes que aparecen en Génesis 1: las aguas primitivas, la separación de las aguas superiores e inferiores y los grandes monstruos marinos. Sin embargo, Génesis transforma radicalmente la escena. Dios no necesita combatir contra otro dios. Simplemente habla y el mundo se ordena.
Adapa: sabiduría e inmortalidad
El relato de Adapa desarrolla otra cuestión fundamental: ¿puede un ser humano poseer sabiduría divina y también alcanzar la inmortalidad?
Adapa es extraordinariamente sabio. Cuando tiene la oportunidad de recibir alimento y agua que podrían darle inmortalidad, sigue el consejo de su dios Ea y los rechaza. Como consecuencia, pierde para siempre la posibilidad de vivir eternamente.
El tema es importante para comprender Génesis 2–3, porque en el jardín de Edén aparecen precisamente dos elementos relacionados con estas cuestiones: el árbol del conocimiento y el árbol de la vida.
Gilgamesh: la serpiente y la planta de la vida
La Epopeya de Gilgamesh también contiene sorprendentes paralelos. Enkidu comienza viviendo entre los animales. Después de su encuentro con una mujer, adquiere conocimiento y entra en el mundo de la civilización.
Más adelante, Gilgamesh busca desesperadamente la inmortalidad. Consigue una planta capaz de renovar la vida, pero mientras descansa, una serpiente roba la planta. La serpiente muda su piel y Gilgamesh pierde su oportunidad de rejuvenecer.
Así aparecen juntos varios motivos que también encontramos en Génesis: conocimiento, una mujer, una planta que da vida, una serpiente y la pérdida de la inmortalidad.

El ciclo de Baal y la batalla contra el Mar
Israel también estaba rodeado por la cultura cananea. En el Ciclo de Baal, conocido por textos encontrados en Ugarit, Baal lucha contra Yam, cuyo nombre significa literalmente “Mar”. Al derrotarlo, Baal establece su autoridad sobre las fuerzas caóticas.
Esta idea de un dios guerrero venciendo al mar aparece también en algunos poemas bíblicos. Salmos 74 y 89 e Isaías 51 hablan de Dios venciendo al Mar, a Rahab, a Leviatán o a grandes monstruos acuáticos.
Una tercera historia bíblica de la creación
Normalmente se habla de dos relatos de creación: Génesis 1 y Génesis 2–3. Sin embargo, el artículo propone reconocer una tercera tradición, conservada de forma fragmentaria en Salmos y los Profetas.
En esta tradición, Dios vence a los poderes del caos, especialmente al Mar y a criaturas como Leviatán y Rahab. Es una imagen muy parecida a las antiguas historias de combate cósmico del mundo cananeo y mesopotámico.
Esto muestra que la Biblia podía utilizar distintos lenguajes para hablar del poder creador de Dios.
Génesis 1: creación sin combate
Aquí aparece una de las diferencias más importantes.
Génesis comienza con oscuridad, aguas y tehom, “el abismo”. Esta palabra está relacionada lingüísticamente con términos semíticos asociados a las profundidades acuáticas y suele compararse con Tiamat. Sin embargo, en Génesis el abismo ya no es una diosa enemiga. Es simplemente parte del escenario que Dios organiza.
Incluso los grandes tanninim, los monstruos marinos que en otras tradiciones representan fuerzas caóticas, aparecen en Génesis 1:21 como criaturas hechas por Dios.
El mensaje es claro: Dios no necesita derrotar a otro dios para crear. No existe un rival que pueda amenazarlo. TheTorah.com
La humanidad también recibe un papel radicalmente distinto. En Atrahasis, los seres humanos existen para hacer el trabajo de los dioses. En Génesis 1, todos los seres humanos son creados “a imagen de Dios”. En el mundo antiguo, una imagen podía representar la autoridad de un rey. Génesis extiende esa dignidad a toda la humanidad: hombres y mujeres representan a Dios dentro de la creación. TheTorah.com
Génesis 2–3: sabiduría, serpiente y mortalidad
El relato del Edén se relaciona más estrechamente con los temas de Adapa y Gilgamesh.
En el jardín están juntos el árbol del conocimiento y el árbol de la vida: sabiduría e inmortalidad. La serpiente dirige la atención hacia el conocimiento. La mujer come del fruto, el hombre también come y ambos adquieren una nueva conciencia.
En el antiguo Cercano Oriente, la serpiente no era exclusivamente un símbolo del mal; también podía relacionarse con sabiduría, renovación y vida. Después de comer, los humanos adquieren conocimiento, pero pierden el acceso al árbol de la vida.
Aquí aparece una interesante inversión de Adapa. Adapa obedece las instrucciones que recibe y pierde la inmortalidad; en Génesis, los humanos desobedecen y también pierden la posibilidad de vivir para siempre. En ambos casos, sabiduría e inmortalidad permanecen separadas.
¿Copia o reinterpretación?
La comparación no conduce necesariamente a la conclusión simple de que Génesis sea una copia de relatos anteriores. El argumento del artículo es más interesante: Génesis participa del mismo mundo cultural, utiliza imágenes conocidas y, precisamente mediante sus modificaciones, presenta sus propias afirmaciones teológicas.
Tiamat deja de ser una diosa enemiga; el caos deja de ser rival de Dios; los monstruos marinos se convierten en criaturas; los humanos dejan de ser esclavos creados para servir a dioses cansados y reciben la dignidad de ser imagen de Dios. En Génesis 2–3, el sufrimiento, el trabajo doloroso y la mortalidad tampoco aparecen simplemente como la condición para la cual la humanidad fue creada, sino como consecuencias de una ruptura.
Por eso, conocer Atrahasis, Enuma Elish, Adapa, Gilgamesh y el Ciclo de Baal no disminuye necesariamente el significado de Génesis. Al contrario, permite observar con mayor claridad qué elementos comparte Génesis con su mundo antiguo y, especialmente, qué elementos decide cambiar. Es precisamente en esas diferencias donde aparece buena parte de su mensaje sobre Dios, la creación, la dignidad humana, la sabiduría, la muerte y el sufrimiento.




