¿Creía Juan Calvino que la Biblia tiene ERRORES?

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En el debate teológico contemporáneo, es común que muchos sectores evangélicos afirmen que los reformadores magisteriales, como Juan Calvino, sostenían la postura de la inerrancia bíblica. Esta doctrina, formalizada en documentos modernos como la Declaración de Chicago, sostiene que la inspiración de las Escrituras se aplica estrictamente a los textos o autógrafos originales, afirmando que no contienen error alguno. Sin embargo, atribuir esta creencia a Calvino resulta ser una conclusión totalmente anacrónica.

Para el reformador, la autoridad y la veracidad de la Biblia no dependían de la existencia de unos autógrafos originales perfectos, sino de la iluminación y el testimonio interno del Espíritu Santo en el creyente. Por esta razón, a Calvino se le conoce como el “teólogo del Espíritu”, ya que enseñaba que la persuasión sobre la verdad de las Escrituras procede del testimonio secreto del Espíritu Santo, y no simplemente de argumentos, conjeturas humanas o de la letra escrita por sí sola.

Lejos de tener un pánico irracional al subjetivismo o de intentar justificar y armonizar artificialmente cada variante textual, Calvino reconocía abiertamente la existencia de errores en los textos bíblicos sin que esto afectara su fe en ellos. Por ejemplo, admitió que el Evangelio de Mateo contiene un error evidente al atribuir una profecía a Jeremías cuando en realidad correspondía a Zacarías, señalando que el nombre de Jeremías “ha sido puesto por error”. Asimismo, observó que los apóstoles no fueron “tan escrupulosos” al citar el Antiguo Testamento, utilizando libremente traducciones al griego como la Septuaginta en lugar de ceñirse a los textos originales en hebreo.

En definitiva, afirmar que Juan Calvino apoyaba la inerrancia moderna es un error. Su confianza en la Palabra de Dios no radicaba en la infalibilidad de un autógrafo original perdido ni en una teoría de dictado verbal, sino en la obra eficaz del Espíritu Santo que sella y confirma la verdad en el corazón del creyente.